Las chicas del Proyecto tiene la persistente costumbre de entregar trabajos que, a la primer mirada, despiertan un "ay, que monono!" o un "ah, pero que sencillez!", para, al ratito, darse uno cuenta de que le clavaron un concepto terribemente fuerte, tierno, triste o siniestro en el fondo del subconciente...
Este es uno de esos casos.
De los siniestros, digo.


Si abren la imagen, van a notar que tiene mirada.
Y parece la del mismo vacío que sostiene ese vestido parado ahí, como si hubiera alguien, donde no hay nadie...
Otra versión, más en la gama de colores tradicional y preparada para carta...

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